CARTA DESDE TAILANDIA

CARTA DESDE TAILANDIA

Queridos hermanos:

Seguro que estáis informados de la terrible desgracia que ha desolado al sureste asiático y a este país de Tailandia, en cuyas provincias del sur han fallecido 5.291 personas, tailandeses y extranjeros, muchos de ellos niños. Y de otras 3.716 no se sabe nada, lo que hace suponer que se encuentran sepultadas en el mar. Los heridos son 8.457.

Después de buscar durante algunos días información, con poco éxito, por la falta de organización logística e informativa de las autoridades civiles y de la Iglesia, decidimos ir al lugar del desastre un grupo de personas con siete coches. La iniciativa fue coordinada con la colaboración entre el Camillian Hospital y el San Camilo Hospital. Las 45 personas que formaban la comitiva, compuesta por personal sanitario y religioso camiliano, todos voluntarios, cargamos los coches y la ambulancias con medicinas, instrumental médico, tiendas y otros elementos adecuados. Decidimos ir a la provincia de Phangnga, la más castigada, y concretamente a Ban BangMoung, ta Kao Pa District.

Tras un viaje largo y complicado, establecimos la base en Bang Moung, donde se encontraban 2.000 personas que vivían en tiendas y a las que habían llegado muchas donaciones, por lo que nos dirigimos a otro sitio donde hubiera más penuria. Nos introducimos en la zona rural de Bang Sak Village, a donde acababan de llegar 300 personas que habían huido del “sunami”. Comenzaron a llegar pacientes, especialmente ancianos y niños. Montamos nuestras tiendas junto a las suyas y les atendimos durante tres días.

Casi todas las familias han perdido uno o dos miembros. Escuchamos a todos, familia tras familia, y oímos hechos tristísimos vividos por ellos. A algunos no se les había atendido por ser indígenas o carecer de alguna educación. Nosotros les atendimos física, espiritual y psicológicamente. Organizamos juegos para los niños con el fin de alegrarles en medio de su sufrimiento y sus recuerdos. La iglesia local, poco organizada ante emergencias de este tipo, se nos unió pronto.

Hemos comprobado que la gente sigue asustada y que son pocos los que están dispuestos a volver a sus tierras. Por ahora disponen de alimentos, vestidos, medicinas y agua. Han llegado algunos auxilios. Pero deben volver a sus tierras, donde necesitan urgentemente casas, instrumentos de pesca, barcas y redes. Es decir, deben reconstruirlo todo, familias incluidas.

Nos hemos puesto de acuerdo para, en el caso de que la Conferencia Episcopal de Tailandia nos pida que nos quedemos en esta aldea, desplegar aquí nuestro carisma (la CET me ha convocado a un encuentro el 10 de enero). Hemos visto que hay organizaciones que llegan y se van apresuradamente (solamente traen las ayudas). Nosotros nos quedaremos aquí hasta que los damnificados vuelvan a la normalidad. Queremos instalar una clínica móvil con el instrumental y las medicinas necesarias, así como con personal adecuado y experto en estas emergencias.

Damos dar las gracias a todos los que nos han escrito preocupados por esta trágica situación. Os pido una oración por todas las víctimas.

Fraternamente.
P. Paul Cherdchai Lertjitlekha

Viceprovincial

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